sábado, 18 de agosto de 2018

Oración de la mañana del día Viernes

Padre Celestial, hoy vengo ante ti, lleno de alegría por tus muchas bondades que tienes conmigo, estoy feliz porque me has dado la vida, porque me permites despertar un día más y estar junto a mi familia, puedo sentir tu amor y tu presencia, has sido muy bueno conmigo, me das todo lo que necesito, eres mi todo, es por eso que te alabo en esta hermosa mañana.

Amado Dios, bondadoso y omnipotente gracias por todas las bendiciones con las que Tú colmas mi vida, gracias por la salud, por los alimentos, por la familia y porque me das la fuerza y la voluntad de avanzar cada día.

Mi Dios ayúdame a ser una persona valiente, que no me hunda ante las dificultades, pero sobre todo valiente en seguirte y vivir tu Palabra, a desechar el  pecado y vivir como tu quieres que viva, conforme  a tu voluntad.

Ayúdame  a ser  humilde y entender que sin ti nunca sabré llevar mi cruz de cada día. Haz Señor que cuando llegue el dolor o la prueba, no la mire como un castigo que tu me envías, sino como entienda que pase lo que pase tu me darás la victoria, que lo que paso es para ayudarme.

Que el dolor, Señor, me haga cada vez más maduro como persona y como cristiano, que me haga más comprensivo con los demás, que me haga más amable, más tierno, más humano, que cuando el dolor llegue a mi puerta pueda confiar plenamente en ti y pueda sentir tu hermosa paz en mi vida. Amén.




Lectura Bíblica de hoy en: Efesios 5:21-33 Someteos los unos a los otros

21 Someteos unos a otros en el temor de Dios. 

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 

23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 

24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 

26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 

27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 

28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 

29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 

30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 

31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 

32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 

33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

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