martes, 7 de agosto de 2018

Carta de Dios a las mujeres

Cuando creé los cielos y la tierra, los llamé a ser. Cuando creé al hombre, lo formé y le inspiré la vida. Pero a ti, mujer, te imaginé después haber soplado el aliento de vida al hombre porque eres demasiado delicada. Posé un profundo sueño sobre el hombre para poder, paciente y perfectamente, crearte.



El hombre fue puesto a dormir así no podía interferir con la creación. De sólo un hueso te construí; elegí el hueso que protege la vida del hombre. Elegí la costilla, que protege su corazón y sus pulmones y lo mantiene, cómo harás tú en tu momento. Alrededor de éste hueso te formé... te modelé.


Te creé perfecta y hermosa. Tus características como las de la costilla: fuerte pero delicada y frágil. Provees de protección al órgano más delicado del hombre: su corazón, el centro de su ser, y sus pulmones que mantienen el aire de la vida. Las costillas se sacrificarán en pos de que no se dañe el corazón; tú sostendrás al hombre como las costillas sostienen al cuerpo.





Eres mi ángel perfecto... eres mi hermosa y pequeña niña. Has crecido y te has convertido en una espléndida mujer, mis ojos se llenan cuando veo las virtudes de tu corazón.


Tus ojos... no los cambies.

Tus labios... amorosos cuando en plegaria.
Tu naríz... perfecta en forma.
Tus manos... gentiles al acariciar.

Acaricié tu rostro en tu sueño más profundo. Sostuve tu corazón cerca del mío. De todo lo que vive y que respira, tú eres la que más se asemeja a mí. Adán estuvo conmigo desde el principio; pero estaba solo. No me podía ni ver ni tocar. Sólo me podía sentir. Así, todo lo que Yo quería que él compartiese y experimentara conmigo, lo imaginé en tí: mi santidad, mi fuerza, mi pureza, mi amor, mi protección y soporte. Eres especial porque eres extensión mía. El hombre es mi imagen, la mujer mi ser. Juntos representan la totalidad de Dios.


Así, hombre: trata bien a la mujer. 


Ámala porque es frágil.

Respétala porque es fuerte.
Recuérdala porque es como Yo.



La mujer no salió de tu cabeza para ser superior; ni de tu talón para ser inferior. Sino de tu costado para ser igual; bajo tu brazo para ser protegida; sobre tu corazón para ser amada.

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